Oaxaca, México - Las barricadas volvieron a instalarse, con más fuerza, en las inmediaciones de la Universidad de la ciudad mexicana de Oaxaca (sur) ante una eventual nueva intervención de la policía federal, que ayer intentó tomar posiciones en la zona y fue rechazada por miles de manifestantes.
Con la moral reforzada tras la victoria de la jornada anterior los opositores volvieron hoy a cruzar camiones, coches, maderos, rocas y todo tipo de objetos en las inmediaciones del importante cruce desde el que defienden a la Universidad y que la policía trató sin éxito de despejar.
Las autoridades insisten en que en ningún momento han tenido intención de entrar en la Universidad y que con el operativo de ayer sólo pretendían liberar las últimas barricadas que quedan en la ciudad.
"Aunque han manifestado que no entran y que van a respetar la autonomía universitaria, pero nadie cree ya eso: cada rato rompen los acuerdos", aseguró Abelardo Bautista, un miembro del sindicato de maestros que forma la columna principal del movimiento opositor.
En la batalla campal de ayer la policía tiró bombas de gas y piedras dentro del recinto universitario, en respuesta al acoso que sufrían desde su interior por los estudiantes, que les arrojaban petardos, piedras y cócteles molotov.
"La moral ha subido y es alta la autoestima", asegura Claudio Ramírez, un profesor de 63 años, uno entre cerca de 40 opositores que pasaron la noche de ayer a hoy en la barricada de Cinco Señores, la cual se ha convertido en todo un símbolo del movimiento tras la batalla con la policía.
En las cinco vías que confluyen en este cruce hay instaladas varias barreras, autobuses quemados, remolques de carga, maderas, árboles, piedras y todo lo que los miembros de la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO), que aglutina a las organizaciones que exigen la marcha del gobernador estatal, Ulises Ruiz, encontraron a mano.
En uno de los accesos incluso han levantado el asfalto y cavado una zanja de un metro.
Una veintena de personas hace guardia con carritos de supermercado cargados de piedras; jóvenes encapuchados, algunos armados con lanzacohetes caseros, vigilan las entradas.
En las calles son ostensibles los restos de la batalla: están regadas de piedras, cristales, trozos de madera, botella. Incluso una máquina expendedora de alimentos aparece tirada y vacía en medio de la calzada.
En la Avenida Universitaria, donde se produjeron los choques más fuertes, una tienda de alimentación tiene un cristal roto y una mancha negra dejada por un cóctel molotov. Los manifestantes habían entrado a su interior y se habían llevado agua, refrescos, bebidas alcohólicas y tabaco.
En la puerta de la facultad de Derecho, adonde para llegar se deben sortear varias barricada menores y un coche y un autobús cruzados, hay un vehículo de maquinaria pesada tapando el paso.
En su interior se encuentra el instrumento más importante del movimiento: Radio Universidad, desde donde se mantiene encendida la llama de la rebelión y se coordina a los miembros y simpatizantes.
Los universitarios preparan más cócteles molotov y almacenan petardos y botellas de Coca Cola, que durante los enfrentamientos con la policía utilizan para mojar trapos para taparse la cara, en un intento de amortiguar los efectos de los gases lacrimógenos.
La gente que pasó ahí la noche fue despertada bruscamente alrededor de las seis de la madrugada por disparos que desconocidos realizaron en las inmediaciones.
Manuel (no quiere dar su apellido), un joven estudiante, rechaza la versión oficial de que la policía no quiere entrar en la Universidad, cuyo rector repudia la posibilidad de que lo haga.
"Venía disfrazada la supuesta acción de limpiar la calle porque tuvimos intentos de policías que querían entrar. También intentaron policías estatales entrar y sembrar armas para inculparnos a nosotros de tener aquí una especie de guerrilla", asegura.
AFP